El Ascetismo según Ayyūb al-Sijtiyānī

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Cuando el Islam era joven y los corazones puros, los musulmanes no se preocupaban de criticar a sus correligionarios, ni de maldecir a los incrédulos, sino que se preocupaban por purificar sus propias almas y acercarse a su Señor. Pero también eran gente que conocían (o mejor dicho, reconocían) sus propias debilidades, y temían contaminar la pureza de su adoración con los pecados del orgullo y la vanidad. No es de extrañar, pues, que quisieran esconder sus buenas obras de los ojos de la gente, para asegurar que solo Él, que todo lo ve, conozca esa buena acción. Como dijo el Profeta (saw) cuando enumeró a los que estarán protegidas por la sombra divina: “una persona que da en caridad, y lo esconde hasta tal punto que su izquierda no sabe lo que gasta su derecha.” (al-Bujārī) Por eso se narra que Ibn ʿĀ’iša dijo: “Oí a la gente de Madīna decir ‘No echamos de menos la caridad secreta hasta que murió ʿAlī b. al-Ḥusayn’.” (ifa, I/355) Pero no es solamente en caridad. Por ejemplo, el gran asceta al-Rabīʿ b. Juṯaym “no fue visto haciendo una oración voluntaria en la mezquita de su gente más que una vez.” (ifa, II/35).

Pero hay otro aspecto de esconder las buenas obras, y es saber que no todos vamos a ser ni grandes ascetas ni grandes sabios. El panadero, la ama de casa, el cocinero, la profesora, el comerciante, la enfermera… todos tienen su papel, y todos tienen su valor. Y mientras que todos debemos de ser buenos musulmanes, conscientes de nuestra relación con Allah, no todos debemos ser ascetas y sabios. Esto es lo que expresaba el gran sabio Ayyūb al-Sijtiyānī, profesor del Imām Mālik, cuando dijo: “Que la persona tema a Allah. Y si quiere ser asceta, que no haga su ascetismo un castigo para la gente. Que una persona esconda su ascetismo es mejor que hacerlo público.” (Siyar, VI/19) Este gran sabio, conocido tanto por su conocimiento como por su ascetismo, temía que el ascetismo público y la devoción pública se convirtiesen en un castigo para la gente.

Si los sabios de antaño se preocupaban del efecto que sus buenas acciones podrían tener sobre la comunidad, ¿acaso nosotros en estos días, cuando estamos tan llenos de discursos piadosos para los demás, no deberíamos de preguntarnos si estamos haciendo el bien, o simplemente convirtiéndonos un castigo para la gente?

Que Allah nos guíe a todos hacia aquello que Él ama y aprecia.

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