La humildad de Yūnus b. ʿUbayd

En Ṣifat al-ṣafwa (II/180):

جعفر بن برقان قال: بلغني عن يونس بن عبيد فضل وصلاح فكتبت إليه: يا أخي بلغني عنك فضل وصلاح فأحببت أن أكتب إليك، فاكتب إلي بما أنت عليه.

فكتب إلي: أتاني كتابك تسألني أن أكتب إليك بما أنا عليه، وأخبرك أني عرضت على نفسي أن تحب للناس ما تحب لها وأن تكره لهم ما تكره لها فإذا هي من ذلك بعيد ثم عرضت عليها مرة أخرى ترك ذكرهم إلا من خير فوجدت الصوم في اليوم الحار الشديد الحر بالهواجر بالبصرة أيسر عليها من ترك ذكرهم، هذا أمري – يا أخي – والسلام.

De Ŷaʿfar b. Burqān quien dijo: Oí que Yūnus b. ʿUbayd tenía virtud y bondad, así que le escribí: Hermano mío, he oido que tienes virtud y bondad, y por eso quise escribirte, para que me digas que es lo que haces.
Me escribió: Me llegó tu carta preguntándome que es lo que hago, y te digo: intenté convencer a mi alma que amase para la gente lo que ama para sí misma, y que odie para ellos lo que odia para sí misma, pero está muy lejos de ello. Entonces intenté otra cosa, que es que no los mencionase más que para lo bueno, pero vi que el ayuno en un día caliente en las afueras de Basora era más fácil para ella que dejar de mencionarlos. Esta mi situación hermano mío. Y que la paz sea contigo.

Lo que hizo que nuestros predecesores fuesen diferentes a nosotros es que se preocupaban más por sus propios defectos que por los defectos ajenos. Yūnus no era un ermitaño desconocido viviendo en un monte, sino un gran sabio de una gran ciudad del mundo musulmán, Basora, uno de los más fiables alumnos de al-Ḥasan al-Baṣrī, y famoso en todo el mundo musulmán por su integridad. Pero a pesar de su gran estatus, trabajaba en el mercado como otra persona más, ganándose la vida de su mano de obra. Además, tenía una gran humildad. Se narra que dijo: “Cuento cien buenas características, pero yo no tengo ninguna.”

Esta humildad era la que les hacía preocuparse más por mejorarse a sí mismos que criticar a otros. En esta anécdota Yūnus b. ʿUbayd explicó a Ŷaʿfar el código de conducta según el cual intentaba vivir: tratar bien a la gente y no pensar mal de ellos.

Hoy muchos de nosotros pasamos más tiempo criticando el islam ajeno que mejorando el nuestro propio. Incluso hay quien cree que es una gran virtud, y lo convierten en una forma de vida. Los ‘liberales’ son muy liberales con todos menos con musulmanes practicantes. Los sufíes sienten mucho amor, menos por los salafíes. Los chiítas creen en la universalidad del Islam, pero solo si pueden excluir a los Compañeros del Profeta (saw). Los salafíes creen que son la secta salvada, hasta que empiezan a pelearse entre sí.

Pero en los primeros tiempos, esta obsesión por hablar mal de los demás era la excepción más que la regla, pues sabían que hablar mal de los demás no lleva a nada bueno. No nos acerca a Allah, ni nos ayuda a mejorar nuestro carácter, ni siquiera es algo por lo que Allah nos vaya a recompensar. Por el contrario, es algo que nos distrae de nuestras verdaderas obligaciones, pone enemistad y odio en nuestros corazones, y como muchas veces en nuestra ignorancia terminamos diciendo calumnias sin darnos cuenta, en realidad nos hace cometer grandes pecados y ganar la cólera de Allah.

Por eso es importante recordar las historias de nuestros grandes sabios de las primeras generaciones, pues eran modelos de sinceridad, carácter y espiritualidad.

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