Hablar sin conocimiento: Ibn ʿUmar

el

En Ṣifat al-ṣafwa:

وعن نافع أن رجلاً سأل ابن عمر عن مسالة فطأطأ رأسه ولم يجِبْه حتى ظن الناس أنه لم يسمع مسألته فقال له: يرحمك الله! أما سمعت مسألتي؟ قال: بلى ولكنكم كأنكم ترون أن الله تعالى ليس بسائلنا عما تسألونا عنه. اتركْنا رحمك الله حتى نتفهم في مسألتك فإن كان لها جواب عندنا وإلا أعلمناك أنه لا علم لنا به.

De Nāfiʿ que un hombre preguntó a Ibn ʿUmar sobre un tema. Ibn ʿUmar bajó la cabeza y no le contestó, hasta que la gente empezó a pensar que no había oído la pregunta. El hombre le dijo: “Que Allah tenga misericordia sobre tí. ¿Acaso no oístes mi pregunta?” Respondió: “Claro que sí. Pero es como si creéis que Allah el exaltado no va a preguntarme sobre lo que respondo a vuestras preguntas. Déjanos, que Allah te cubra de su misericordia, hasta que reflexionemos sobre tu pregunta. Si tenemos una respuesta, bien. Y si no os dejaremos saber que no tenemos conocimiento del tema.”

El transmitir conocimiento no es un juego ni una diversión. Es una responsabilidad ante los humanos y ante Allah pues significa ser ‘amin’, fiable y de confianza. Tal era la responsabilidad que los sabios en las primeras generaciones tenían mucho cuidado de decir algo al menos que lo tuviesen muy claro, y más aún cuando enseñaban a gente con poco conocimiento, pues temían que no lo pusiesen en su contexto. Incluso a veces presentaban hadices como su propia opinión, temiendo que la gente no lo pudiese aceptar.

Pero hoy en día funcionamos al revés. Si sabemos que los que están a nuestro alrededor son más ignorantes que nosotros hablamos como si fuésemos el más gran sabio de la historia, sin preocuparnos por las consecuencias de nuestras palabras. Pero en cuanto vemos a alguien que sabe un poco mas que nosotros nos volvemos mudos por temor a ser descubiertos.

Esto no es un problema particular de los musulmanes. En nuestro mundo mediatizado parece que hay un culto a la estupidez y las opiniones extremas. Y nosotros, en vez de intentar evitar esta cultura de ignorancia, parece que disfrutamos participando en ella de pleno.

¡Qué diferentes somos de nuestros predecesores! No respondían si no sabían. Reflexionaban y estudiaban antes de formar una opinión. No les daba vergüenza no saber. Y temían a Allah cuando hablaban en Su nombre. Por eso eran mejores que nosotros, y por eso rezamos por ellos cada vez que mencionamos sus nombres – radiya Allahu anhum, rahimahum Allah… y por eso pedimos ser como ellos.

 

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