Jafar b. Muhammad y las polémicas

Dijo Jaʿfar b. Muḥammad:

قال جَعْفَرَ بنَ مُحَمَّدٍ: إِيَّاكُم وَالخُصُومَةَ فِي الدِّيْنِ، فَإِنَّهَا تَشغَلُ القَلْبَ، وَتُورِثُ النِّفَاقَ.

Tened cuidado de las polémicas en la religión, pues ocupan el corazón y llevan a la hipocresía.

Todos amamos nuestra religión, y si oímos a alguien hablar mal del Islam, de Allah, del Qur’ān, del Profeta, los Compañeros u otras figuras que sabemos fueron gente de gran fe que se sacrificó por la verdad, es natural sentir la obligación de decir algo, defender la verdad y no permitir las calumnias.

Sin embargo, también tenemos que reflexionar. Los debates y las polémicas, como dijo Jaʿfar al-Ṣādiq no son buenos para nuestra fe. Causan enemistad, nos alejan de cosas más provechosas, y llevan al fanatismo.

En mi experiencia los debates solo son de tres tipos:
1. Entre dos ignorantes. Muchas veces debatimos desde la ignorancia. No entendemos la opinión que seguimos ni la que criticamos. Y en muchos casos aquel contra el que debatimos es tan ignorante como nosotros. Ninguna parte sabe los principios sobre las cuales sus opiniones están basadas, ni conocen las pruebas textuales del Qur’ān y la Sunna, ni las interpretaciones de los grandes sabios. Alomejor leímos una fatwa simplificada y creemos que eso es la base para hacer un argumento, pero sin darnos cuenta que en general las fatwas modernas están escritas para gente inculta que tiene un conocimiento mínimo del Islam y solo están capacitados para hacer taqlīd. Cuando dos ignorantes que no entienden del tema discuten es como madridistas contra barcelonistas: la clave de ganar el debate es ser cabezón y hablar más y más alto, no tener razón. Y lo malo es que los que más debaten suelen ser de este tipo.

2. Entre un ignorante y uno que sabe. En este caso la diferencia entre la ignorancia de uno y el conocimiento de otro varía, pero el resultado depende de la actitud del ignorante. Si el ignorante sabe que es ignorante, puede aprender y el debate puede resultar beneficioso. Pero si es cabezón, como suele ser normal entre nosotros los ignorantes, entonces suele ser como decía al-Šāfiʿī: “No debatí con un sabio sin derrotarle, y no debatí con un ignorante sin que me derrotase.” Y eso es porque el ignorante no se da cuenta de que está diciendo tonterías y barbaridades, y la mayoría del público, tan ignorante o más que el ignorante que debate, tampoco se dan cuenta de que está diciendo tonterías y barbaridades. En este caso, el que sabe ve que no tiene sentido perder el tiempo con semejantes ignorantes y necios.

3. Entre dos que saben. Aquí pueden entrar muchos factores en juego: la diferencia en conocimiento, el tema en discusión, similitudes o diferencias metodológicas, y más cosas. Pero por lo general, estos debates son para que cada uno reafirme lo que ya cree, sabiendo que el otro está haciendo exactamente lo mismo. Raras veces hay un debate constructivo pues cada uno está demasiado aferrado a su posición, al mismo tiempo que conoce los puntos débiles de su posición y como esconderlos.

Entonces, ¿puede haber alguna ventaja en debates y polémicas? En mi opinión casi nunca, pues aparte de lo ya mencionado, los debates y polémicas ponen al que debate en una posición que puede afectar su sinceridad y veracidad. Los debates son una competición, y por naturaleza los seres humanos no queremos perder, y más en cuanto a sus creencias. Por eso muchas veces encuentras que los argumentos de unos y otros en debates son solo medio-verdades. Omiten todo lo problemático de su posición, y si alguien lo menciona insisten que es una calumnia. Al mismo tiempo intentan acusar a sus contrincantes con medio-verdades, mencionando verdades mezcladas con exageraciones e incluso mentiras. Si uno está comprometiendo su veracidad con estas tácticas, ¿de verdad podemos creer que uno puede mantenerse sincero?

Pero lo peor es cuando los debates llevan a los insultos. Un caso exagerado es este que se puede ver aquí, donde un chiita y un suni empiezan a insultarse y termina con el chiita diciendole al suni que su esposa llama a chiitas para hacer mutʿa (lo más gracioso es que cuando el presentador riñe al chiita por mencionar a la esposa del sunni, el chiita niega haber dicho nada, como si compaginando mentiras iba a engañar a alguién). Pero los casos más cotidianos son cuando, por ejemplo, alguien insinúa que eres tonto diciendo que no entiendes lo que escuchas y lees, o que eres mentiroso (o por lo menos no de fiar) cuando citas algo inconveniente, y así.

Por último, la gente a la que le gusta debatir siempre está leyendo sobre lo peor: los peores dichos de los chiitas, o los sufíes, o los salafíes, etc… para poder citarlos en un debate. Sin embargo, es mucho más importante preocuparnos por nuestros propios problemas, nuestros propios almas, y mirar que es lo que tenemos que hacer para mejorarnos. Hay una cita en la Biblia que me gusta mucho en este sentido: “¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?” Esta obsesión con corregir a los demás sin corregirnos a nosotros mismos es una enfermedad, y una experiencia que tuve en Makka me lo confirmó. Había un joven salafí que visitaba la casa donde eramos invitados (creo que tenía dieciseis). Este joven acababa de completar su memorización del Quran y me explicaba su programa de memorización, siguiendo el consejo de sus profesores. Tras el Libro de Allah venía Kitab al-Tawhid de Muhammad b. Abd al-Wahhab para purificar su creencia, y luego Riyad al-Salihin para purificar su alma y su carácter. No iba a estudiar refutaciones de los chiitas, o los sufíes, o los otros grupos musulmanes. Yo, viniendo de occidente, donde los debates entre musulmanes son algo normal, quede chocado. Y empecé a darme cuenta que las polémicas tan populares aquí -en Webislam o donde sean- son producto de enfermedades del alma. Por eso yo preguntaría a todos los musulmanes a los que les gusta debatir y polemizar: ¿Has estudiado tu creencia y la has purificado? Y después de eso, ¿has estudiado Riyad al-Salihin y has purificado tu alma y tu carácter? Si no lo has hecho, entonces deja de debatir. Si no, terminarás haciendo realidad las palabras de Jaʿfar b. Muḥammad al-Ṣādiq.

Y esto es algo que me digo a mi mismo primero, pues tras un debate solo siento una profunda pena.

Y Allah es quien mejor sabe.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Abdallah Yusuf dice:

    En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

    Saludos: cabe acotar que cuando una persona escribe un texto, siempre abre la puerta a los debates, pues habrá opiniones a favor y otras en contra de lo que dice. Luego, cuando escribe en contra de los debates y a la vez abre la puerta a ellos, está realizando una contradicción. Si se opone a los debates y las polémicas, lo correcto es que muestre esto con el ejemplo de su conducta y omita abrir puertas a nuevos debates.
    Por mi parte, como musulmán shiíta, yo estoy a favor de los debates e intercambios maduros y respetuosos.
    Dice el Corán:
    “Convoca hacia el camino de tu Señor con sabiduría y bella exhortación, y debate con ellos de la manera más conveniente.” (16: 125)

    Y cuando le preguntaron al Imam Sadiq (P) acerca de debatir y polemizar, él respondió apelando a esta aleya: Los debates son correctos cuando se debate con lo mejor. Dios le ordenó al Profeta (BPD) debatir con los opositores, pero usando lo mejor, usando argumentos válidos y contundentes. Para el Imam Sadiq (P) para quien debate “con lo mejor”, polemizar es un asunto permitido, claro e incluso puede llegar a ser obligatorio según el caso. Entonces, pongamos las cosas en perspectivas: se cita al Imam Sadiq (P) aquí para pretender que él prohibió las polémicas. Pero evidentemente se refiere a las polémicas vanas, las riñas que no conducen a nada. Un debate que conduce a la verdad no puede nunca ser rechazado por el Imam Sadiq (P) quien muchas veces polemizó con opositores (no sólo opositores al Shiismo, sino al Islam en general: con ateos o miembros de otras religiones), igual que lo hicieron otros Imames de Ahlul Bait (P) como los famosos debates del Imam Rida (P). Ellos fomentaron los debates y animaron a sus alumnos a participar en debates. Cuando se realiza con sinceridad, buscando la verdad, siempre son positivos los debates. Y si no le sirve al ignorante que polemiza, sirve a quienes desde afuera leen el debate, miran los argumentos y reflexionan en ellos.

    Saludos. Abdallah de La Plata

    1. Hermano, cuando seamos como Yafar al-Sadiq, o cualquiera de los grandes imames de Ahl al-Sunna en conocimiento, fe, buen caracter, y todo lo demás, entonces podemos empezar a hablar como si tuviesemos el derecho a debatir.

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