La moralidad de los teléfonos moviles

Hoy, casi todos tenemos un bonito movil que hace de todo. Sin embargo, a veces podemos pararnos a pensar sobre el coste de estos moviles. No el coste económico sobre nosotros, sino el coste moral de tener un movil. He aquí un artículo que me hizo reflexionar mucho sobre el tema, y que me hace pensar que posiblemente tenga que comprarme un Nokia el año que viene, pues ser complice en asesinato, tortura y robo es un precio muy alto para pagar por un teléfono.

Telefonos listos, compañías estupidas

17 años, y las empresas telefónicas aún no han resuelto el problema de minerales de conflicto
Por George Monbiot

Si uno está muy bien conectado, deja de pensar. El clamor, la inmediatez, la tendencia a absorber los pensamientos de otros, interrumpen la profunda abstracción necesaria para que cada uno pueda encontrar su propio camino. Esta es una de las razones por las que aún no me he comprado un teléfono inteligente.

Pero la tecnología es cada vez más difícil de resistir. Quizás este año sucumbiré. Así que me he hecho una pregunta simple: ¿puedo comprar un smartphone ético?

Hay docenas de problemas, tales como los salarios de hambre, acosos, abusos y jornadas semanales de 60 horas en talleres clandestinos, las ataduras a deudas para muchos trabajadores, la energía utilizada, los residuos contaminantes. Pero voy a centrarme en un problema nada más: ¿los componentes están empapados en la sangre de personas de la República Democrática del Congo? Durante 17 años, los ejércitos y las milicias rivales han estado luchando por los minerales de la región. Entre ellos se encuentran los metales críticos para la fabricación de aparatos electrónicos, sin la cual no existirían los smartphones: tantalio, wolframio, estaño y oro.

Si bien estos elementos no son la única razón para el conflicto allí, ayudan a financiar y apoyar una guerra fragmentada que -a través de asesinatos directos, el desplazamiento, la enfermedad y la malnutrición- ha matado a varios millones de personas. Ejércitos rivales han obligado a la población local a excavar en condiciones extremadamente peligrosas, han extorsionado dinero de los minerales y los trabajadores autónomos mineros, han torturado, mutilado y asesinado a aquellos que no se someten y siembran el terror y la violencia -incluyendo violación y secuestro de niños- entre la población. Yo no quiero participar.

Ninguno de los grupos que hacen campaña quieren que las empresas dejen de comprar los minerales del este del Congo. Global Witness y FairPhone, por ejemplo, señalan que la minería da ingresos a numerosas familias en un país donde el 82% son considerados subempleados. Pero también insisten en que el comercio puede ser disociado de la violencia: si, y sólo si, las empresas aseguran que no van a comprar minerales que han pasado por las manos de las milicias. Dado el daño potencial a su reputación, se podría esperar que estas empresas se tomaran este asunto en serio. Salvo raras excepciones, uno estaría equivocado.

Empecé con las tiendas, y los resultados fueron decepcionantes. Vodafone, por ejemplo, afirma haber desarrollado un sistema de clasificación social y ecológica, que permite a sus clientes “tomar decisiones informadas sobre el teléfono móvil que elijan a comprar.” Su sitio web dice que este sistema “fue lanzado en los Países Bajos en 2011 y se introducirá en otros mercados europeos en 2012.” Pero lo único que encontramos cuando hacemos clic en el enlace es “página no encontrada”. En holandés. En cuanto a su afirmación de que dan una puntuación ética “junto con el producto, si usted está comprando por internet o en la tienda”, he sido incapaz de encontrar esos resultados en su página del Reino Unido.

O2 dice “queremos compartir información sobre el impacto social y medioambiental de los productos que vendemos, para ayudar a los clientes a tomar las decisiones correctas.” Pero si haces un clic en el enlace ¿qué obtienes? Una lista de sus tarifas mensuales. Proporcionan una eco-evaluación junto a sus teléfonos, pero la puntuación no tiene explicación, por lo que no podemos saber cómo se mide.

De los fabricantes, Nokia parece ser el que más ha hecho, y sus esfuerzos son bastante impresionantes. Desde el año 2001 -mucho antes de que la mayoría de empresas empezasen a interesarse- ha tratado de eliminar tantalio ilegalmente extraído de su cadena de suministro. Ahora pide a sus proveedores que enseñen las rutas que estos metales toman antes de que lleguen a la empresa. El problema está lejos de resolverse: me dicen que “no ha habido ningún sistema fiable de la industria electrónica que permite a una empresa determinar la fuente de su material”. En la actualidad hay seis iniciativas de gobiernos, ONGs y empresas para tratar de sacar la sangre de los teléfonos móviles, y Nokia está involucrada en todos ellos.

La respuesta de Apple fue menos detallada y convincente. Para que os hagáis una idea de la complejidad del problema, Apple ha descubierto que los metales son suministrados por 211 fundiciones, generosamente distribuidas por todo el planeta. Cualquiera de ellas podría utilizar minerales incautados por las milicias en el Congo. Pero el hecho de que Apple ha trazado su propia cadena de suministro es una buena señal.

Hace dos años, Motorola lanzó un plan -que parece creíble- cuyo propósito es comprar libre de conflictos de tantalio del este de Congo. Proyectos de este tipo, que comienzan al principio de la larga cadena de proveedores, dan ingresos a la población local, garantizando al mismo tiempo que los psicópatas armados no se han beneficiado de la venta de tu teléfono. Es difícil ver por qué todos los fabricantes no pueden unirse a ella.

Otras empresas, escondidas detrás de asociaciones profesionales, han hecho todo lo posible para socavar estos esfuerzos. Hace dos meses, una nueva disposición de los EE.UU., el Dodd Frank Act, que obliga a las empresas a descubrir si los minerales que compran de Congo están financiando grupos armados, entró en vigor. Lo que debería haber ocurrido hace mucho tiempo, pero se retrasó 16 meses por presiones de las grandes corporaciones. Gracias a sus esfuerzos, y después de ignorar el problema durante 17 años, a las compañías todavía se les permitirá esquivar sus obligaciones otros dos años, alegando que no saben el origen de los minerales.

Pero esto no fue suficiente para ellos. Tres grupos de presión corporativos – la Asociación Nacional de Fabricantes, la Cámara de Comercio de EE.UU. y la Mesa Redonda de Empresas – están ahora llevando el gobierno de los EE.UU. a juicio para que la nueva ley se deje a un lado. Global Witness ha pedido a algunos de sus miembros -incluyendo Caterpillar, Dell, Honeywell, Motorola, Siemens, Toyota, Whirlpool y Xerox- que se distancien públicamente de la demanda, sin éxito.

Se sospecha que algunas empresas están “usando el anonimato proporcionado por las asociaciones de la industria para tratar de debilitar la ley” mientras hacen declaraciones públicas acerca de lo éticas que son. No tuve tiempo para dedicarme a esta pregunta, pero tal vez podríamos hacerlo en grupo. Podemos contactar a los fabricantes de teléfonos para averiguar si pertenecen a estos grupos de presión, y preguntar si van a denunciar públicamente la demanda y suspender su afiliación hasta que se abandone. Eso sería una buena prueba de su verdadera posición.

Todavía no he tomado una decisión. Hay todos los demás problemas a investigar, incluyendo la vida extraordinariamente corta de estos teléfonos (una encuesta que realicé en Twitter sugiere que la mayoría de la gente los reemplaza entre uno y cuatro años). Tal vez voy a esperar hasta que FairPhone fabrique un movil. O tal vez no me molestaré. Yo podría resignarme a menos inmediatez y accesibilidad a cambio de poco más de espacio en el que pensar.

El artículo original se puede encontrar aquí en inglés: http://www.monbiot.com/2013/03/11/smart-phones-dumb-companies/

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