Reflexiones sobre el concepto de maqasid

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Hoy en día está muy de moda el concepto de maqasid al-sharia, lo cual podemos traducir como ‘los objetivos de la ley divina’. El concepto en si no es nada nuevo, y se puede encontrar en los escritos más antiguos sobre teoría legal, como al-Burhan de al-Yuwayni. Más o menos todos los musulmanes están de acuerdo en que Allah quiere lo bueno para sus siervos, y que la sharia refleja eso. Así pues, los actos de adoración como la oración y el ayuno tienen el objetivo de purificar el corazón y limpiar los pecados; los castigos a ladrones y asesinos tienen como objetivo prevenir el crimen y dar seguridad; las leyes relacionadas al matrimonio tienen como objetivo proteger la familia; y así.

Con este método, los musulmanes deducieron que la ley tiene cinco objetivos: (1) proteger la religión; (2) proteger el alma, que se entiende como proteger la vida; (3) proteger la genealogía -o en términos más modernos, proteger la familia como institución;  (4) proteger la mente, que podría entenderse como la libertad de pensamiento; y (5) proteger la riqueza, que podría ser proteger la propiedad privada.

Según bastantes importantes sabios de teoría legal, estos cinco objetivos pueden ser fuente de ley en dos contextos:

  1. En algunos casos puede servir como la base de analogía. Por ejemplo, si Felipe mata a Antonio, Felipe puede ser castigado. Pero si 10 personas matan a Antonio, el texto indica que el castigo es un alma por un alma, con lo cual nueve asesinos escapan sin castigo. Sin embargo, si utilizamos los objetivos como la base de la analogía, es muy fácil extender el castigo a todos los asesinos.
  2. Cuando no hay un texto o una analogía clara, se debe de considerar lo que es más provechoso y menos dañino para la comunidad. Un ejemplo podrían ser las reglas de trafico, que no gustan a nadie pero que sabemos que son necesarias para proteger al público y que reafirman los objetivos generales de la ley divina.

Relacionados a los cinco objetivos están los tres niveles de necesidad: (1) necesidad absoluta; (2) necesidad normal; y (3) falta de necesidad, o cosas superfluas.

En los textos clásicos hay una discusión sobre la relación de estos con los objetivos generales. Por ejemplo, sabemos que podemos comer algo haram si nos estamos muriendo de hambre (Q2:173) o podemos denegar verbalmente del Islam si nos amenazan con asesinato o tortura (Q16:106). Los ulamas deducieron basado en casos de este tipo una regla general, que es “La necesidad absoluta hace que lo prohibido esté permitido” porque proteger la vida es uno de los objetivos de la ley divina.

Pero también hay otra regla general, que es “la dificultad atrae la facilidad” y el ejemplo de esto es la rujsa (licencia) para acortar y juntar las oraciones cuando uno está de viaje. Esta regla en realidad es una extensión de la regla anterior donde la necesidad normal hace que lo prohibido esté permitido. Sin embargo, en este caso es una regla que se aplica menos, como explica al-Qarafi, diciendo que hay muchos casos donde sabemos por revelación que la necesidad normal no elimina la obligación (o hace que lo prohibido esté permitido), como el ayuno en un día de verano largo o hacer el wudu con agua fría en un invierno frío sin calefacción, y así. Por eso hay que tratar este tipo de necesidad normal con más cuidado, y hay que tomar en cuenta la importancia relativa del acto a los ojos de Allah y si el nivel de necesidad está más cerca de la necesidad absoluta o de lo superfluo. Así pues, una persona hospitalizada tras un accidente podría combinar la oración sin ningún problema, pero alguien en casa con un pequeño resfriado no.

Lo que se desprende de esto es que, por lo general, los sabios eran muy reacios a abandonar reglas en la revelación argumentando desde los objetivos de la ley divina. Desde luego hay algunos casos donde decían que no se debe actuar según tal verso o tal hadit, pero son casos excepcionales, y normalmente basados en argumentos sólidos y profundos.
Sin embargo, el desarrollo contemporaneo es algo diferente. Hace poco fui a una conferencia por alguien considerado un experto en objetivos legales, y me sorprendió, pues cada vez que le pedíamos que nos explicase cuales eran sus principios o su metodología para deducir la ley utilizando los principios legales, nos respondía con evasivas o reconocía que no tenía una metodología constante. Incluso cuando justificaba sus opiniones con principios como justicia, era incapaz de definir el concepto de justicia. Este ‘experto’ está trabajando en un organismo internacional, ha escrito numerosos libros sobre los objetivos de la ley divina, y está ligado a prestigiosas universidades. Y no tiene ni idea de las bases de sus ideas.
Y ese es el problema con la versión contemporanea de esta idea de objetivos de la ley divina: todo se puede justificar con el espiritú del Islam. Se anulan los hudud y las reglas relacionadas a los procedimientos legales, mientras que se permite el capitalismo neoliberal, los concursos de belleza, el apoyo a tiranos,
y una democracia que no funciona. Incluso se puede utilizar como argumento para apoyar la opinión de que “Allah es misericordioso y sabe que me voy a casar con mi novia/o.”
La otra cara de la moneda es que la justificación de violencia doméstica, o la prohibición a las mujeres de conducir, e incluso la obligación del niqab, también está basado en ideas de objetivos legales y la idea de prevenir el mal.
En realidad todos estos argumentos son argumentos basados en la idea de ‘objetivos’ de la ley divina, pero tienen dos problemas:
  1. Que son de una subjetividad absoluta, y que la definición de lo que es bueno o malo, o lo que está de acuerdo con los objetivos de la sharia y lo que no, depende más de los antecedentes y prejuicios culturales del individuo que de cualquier criterio objetivo. Por eso, los musulmanes occidentalizados aseguran que los objetivos de la ley divina están en casi perfecto acuerdo con los referentes culturales occidentales, y los musulmanes afganos -por poner solo un ejemplo- aseguran que los objetivos de la ley divina están en casi perfecto acuerdo con los referentes culturales afganos. Y así.
  2. El otro problema es que estas teorías son muy manipulables, y es facil utilizarlas en el sentido maquiavelico donde los fines justifican los medios, y hacer lo prohibido halal o lo obligatorio haram es justificado porque los objetivos son ‘Islámicos’. Es algo que tanto interesa a los estados árabes que quieren ser laícos e islámicos al mismo tiempo, y por eso hay mucho dinero en crear modelos basados en ideas de ‘objetivos de la ley divina’.
Los objetivos de la ley divina es algo reconocido por todos los grandes sabios. Entre los especialistas en usul que afirmaron la importancia de estos objetivos están Ibn al-Hayib, al-Qarafi y al-Shatibi de los malikíes, al-Yuwaini, al-Gazali y al-‘Izz b. Abd al-Salam de los shafiís, y al-Tufi, Ibn Taymiyya e Ibn al-Qayyim de los hanbalíes. Y muchas opiniones de los cuatro imames parecen estar basadas en los objetivos de la ley divina. Así pues, ¿cual va a ser la consecuencia de este uso maquiavelico de los objetivos legales? ¿La gente se va a cansar de que los objetivos legales se utilicen para justificarlo todo? Corremos el riesgo de desprestigiar estos principios que nos ayudan a comprender y practicar nuestra ley mejor, y si hacemos eso perdemos mucho.
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