Cuando el racismo es la base del análisis: acoso sexual en Egipto

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Hace algunos meses leí un análisis muy interesante que mostraba la hipocresía occidental en su análisis del problema de acoso sexual en Egipto. Hoy lo vi otra vez y decidí traducirlo. Espero que sea de provecho:

Estoy sentado aquí, hablando de Egipto, la dinámica de Egipto, y como era previsible, aparece la cuestión del acoso sexual y la violación.

Me quedé en silencio por varias razones, incluyendo el hecho de que debido a mi aspecto hay la verdadera posibilidad de que los egipcios se portan de manera diferente conmigo, que al ser hombre no soy objeto más que de silbidos inofensivos de colegialas que creen que soy extranjero. Pero más que nada mi silencio es porque no creo que sea apropiado para mí hablar de ese tema, ya que no es mi área de especialización y estudio, ni he tenido una experiencia personal que justifique que yo hable de ello, así que lo dejé a la otra gente.

Se me preguntó entonces por qué me quedé en silencio, con la insinuación de que yo estaba de acuerdo con este horrible problema, o que yo mantenía ideas problemáticas (como culpar a la víctima, etc.). Fue en ese momento que hablé.

Ahora, para los que saben, yo hablo japonés muy bien, viví allí, y he estudiado el tema de Japón durante años. Pregunté si alguien en el panel sabía la última estadística del número de violaciones denunciadas al año en Japón. No lo sabían, y yo tampoco lo había sabido hasta esta mañana cuando, por capricho, busqué las estadísticas. Hubo entre 1,200 y 1,300 violaciones, que es aproximadamente 1 violación por cada 100,000 habitantes. Según el mismo conjunto de estadísticas, en los Estados Unidos la tasa es de 27.3 por 100,000 habitantes, y un total de 85,000 violaciones, lo cual es un marcado contraste.

No hablamos de un problema de violación en los Estados Unidos que se centra en lo que somos, no miramos el tema desde una perspectiva esencialista, no decimos que los estadounidenses tienen una inclinación intrínseca hacia este horrible crimen.

Como era de esperar, y siguiendo el guion, las otras personas dijeron que Estados Unidos es excepcional, que es más violento que Canadá y que las estadísticas de los Estados Unidos suelen ser excepcionales.

Así que echemos un vistazo a la tasa de Suecia. Su total es de unas 6,000 violaciones, y su tasa por cada 100,000 habitantes es un impresionante 63.5. En Alemania es de 9.4, mientras que en el Reino Unido es del 28.8. Sin embargo, no hay ninguna discusión sobre el problema endémico vinculado a las prejuicios culturales, no hay ninguna mención de vídeos de YouTube o de la explotación de las mujeres, ya que se da por sentado que estos problemas surgen a pesar de la cultura, a pesar de la sociedad, a pesar de los medios de comunicación. Pero cuando la gente no es blanca, entonces es por su cultura, por su sociedad, por sus medios de comunicación.

No hay duda de que estadísticas similares sobre la violación en Egipto pueden ser muy imprecisas, y es por eso que no las uso. También podríamos apuntar a problemas como desinterés mediático y el estigma asociado a la violación que impide a las mujeres tener un espacio para buscar ayuda en estas situaciones. Sin embargo, cuando se hace un análisis de las estadísticas de violación de la India, que de alguna manera son exentas de escrutinio, nos encontramos con una cifra de alrededor de 22,000 violaciones totales, con una tasa de 1.8 por cada 100,000 habitantes, lo cual está en marcado contraste con las mencionadas naciones occidentales.

Me preguntaron qué quería decir.

Respondí: Podemos mirar estas estadísticas hasta aburrirnos, y sin embargo eso no cambia la opinión de nadie en absoluto.

Entonces se me preguntó sobre el acoso sexual en Egipto, y expliqué que yo no me veo con derecho a comentar sobre ello al menos que sea para condenarlo y expresar mi esperanza de que podamos terminar con el problema y prevenirlo a través de las enseñanzas del Islam.

Pero la cuestión más amplia que quiero tratar, y que es lo que está ligado a la cuestión de estadísticas y nuestras percepciones de donde está “lo malo”, es que el discurso sobre el acoso sexual, ya sea en India o Egipto, está diseñado para proporcionar una especie de punto de partida: “Esto es donde todo empieza”.

Sin embargo, no hay tal discusión acerca de Estados Unidos. Pregunté a los demás si alguno de ellos había sido un hombre joven en una universidad estadounidense. Todos respondieron que no, así que dije que, puesto que soy yo la única persona que ha tenido esa experiencia, voy a hablar desde mis observaciones.

El acoso sexual de las mujeres en Estados Unidos no funciona según los procesos en Egipto. En Egipto se hace en la calle, en los autobuses, en el metro, pero en Estados Unidos eso no es tan común. En Estados Unidos se ha creado un sistema en el que los hombres controlan las interacciones con las mujeres a un nivel que resulta problemático.

Hay fiestas de fraternidades donde se obliga a las mujeres a vestir de forma explotativa, con temas como “profesionales del golf y putas del tenis”, u otras variantes igual de vistosas y preocupantes. Hay la dinámica de los bares, los clubes, y otros establecimientos en los que las estructuras están diseñadas para que las mujeres se encuentren en posición de debilidad, para acorralarlas, como cuando las chicas tienen que tener 18 años para entrar en los establecimientos, y los hombres 21 años. Pero esto no molesta a nadie. No hablamos de la dinámica de como jóvenes universitarios hablan sobre las mujeres a pesar de que tenemos multitud de información sobre ello.

No diseccionamos las películas dirigidas a jóvenes de edad universitaria, sus temas, sus estructuras. No, lo ignoramos, porque vincular eso a cómo los hombres tratan a las mujeres en los Estados Unidos sería risible. Sin embargo, hacemos exactamente eso con la gente marrón, citando a algún predicador elegido al azar en youtube y decimos “AHA! ¡Lo encontré! ”

Ignoramos que hemos animado a jóvenes a tratar con mujeres jóvenes -no sólo en la universidad sino también en la secundaria- en contextos donde las mujeres no solo están a riesgo, sino que están arrinconadas. Ya sean fiestas en los dormitorios de las residencias, los sótanos de los edificios de fraternidades, los clubs oscuros… Estamos diciendo a jóvenes hombres que vayan allí para fines específicos: encontrar a una chica a la que tirarse. Peor aún, nos sentimos indignados si alguien disuade a las mujeres de ir.

El acoso sexual en los Estados Unidos existe, y existe en un grado asombroso. El problema es que se ha normalizado el comportamiento, y no sólo normalizado, sino que se ha convertido en parte fundamental de nuestra manera de interactuar socialmente.

Si eres un hombre joven en los Estados Unidos no es necesario acosar a una mujer en la calle ni agarrar su cuerpo en el autobús, ya que tienes bares, clubes, fiestas, todo tipo de lugares donde puedes ir, donde las mujeres jóvenes van sin intención de este tipo de interacción, pero que está diseñado intencionalmente para los hombres jóvenes.

Espero que quede claro que no estoy hablando de las fiestas donde los amigos se reúnen y juegan Yahtzee, sino las fiestas a las cuales los estudiantes universitarios van en bandadas, a las que se sienten obligados a ir. ¿Por qué? ¡Porque es la universidad!

Digo esto no para reducir el problema o seccionar lo que está ocurriendo en Egipto, porque me duele en el alma que esto suceda en mi hogar. Pero me planteó esta cuestión para subrayar el hecho de que hacemos la vista gorda a lo que sucede en los Estados Unidos, ignoramos las estadísticas de Suecia, el Reino Unido y Alemania, que son asombrosas. Y mientras hablamos del acoso sexual como particular a los países “marrones”, somos incapaces de ver la fealdad en occidente, y si vamos a intentar mirar estos problemas a través de la cultura, primero deberíamos de mirarnos a nosotros mismos en el espejo, porque la verdad es que el reflejo no es muy bonito.

Link original: http://partytilfajr.tumblr.com/post/41130992397/im-sitting-here-discussing-egypt-the-dynamics

Sobre el autor: http://partytilfajr.tumblr.com/about

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