Los criminales despistados: las malas lenguas

En al-Masā’il al-Malqūta, el mālikī egipcio Ibn Farhūn recogió algunas cuestiones legales de esas que se encuentran en rincones de los grandes libros de fiqh y los juntó. Tiene muchas cuestiones legales interesantes y sorprendentes. Pero hay tres en particular que me llamaron la atención, dado que tratan de un tema muy común en nuestra comunidad. Ambos vienen de Mufīd al-Hukkām por el juez y sabio cordobés, Ibn Hišam al-Azdi. Su libro es uno de los libros importantes en la escuela mālikī. Dijo al-Tandaghī en su libro sobre los textos importantes de la escuela:

لابن هشام المفيد والجزيري               المقصد المحمود له أيضا عزي

Ibn Hišām tiene el Mufīd, y al-Yazīrī

                al-Maqsad al-Mahmūd que se le atribuye.

Y dijo Ibn ‘Āsim al-Garnātī en su famosa rima Tuhfat al-hukkām lo consideró uno de los cuatro más importantes textos de derecho judicial, diciendo:

فضِمنه المفيد والمقرَّب         والمقصد المحمود والمنتخب

Incluye el Mufīd, el Muqarrab,

                al-Maqsad al-Mahmūd y el Muntajab.

Pero aparte de ser un texto fundamental para los mālikīs, era reconocido por todos como un gran libro. Dijo Ibn al-Qayyim en Igāza al-Lahfān: “El libro es famoso y conocido entre los mālikīs, y contiene muchísimos beneficios.”

Así pues, ¿Qué es lo que Ibn Farhūn transmitió de este libro? Dijo (pp.81-82):

Cuestión: Quien diga a un hombre: “¡Criminal!” recibe veinticinco golpes. Y si le dice: “¡Opresor!” cuando no es así, recibe cuarenta golpes. Y si dice: “¡Ladrón!” recibe entre quince y veinte golpes. Tomado de Mufīd.

Luego dijo:

Cuestión: Quien hable de un sabio diciendo algo que no lleve castigo particular, recibe cuarenta golpes. De Mufīd al-Hukkām.

Luego dijo:

Cuestión: Si alguien habla de alguien sin prueba contundente, debe ser castigado.

Lo interesante no es el castigo en sí, sino el hecho de que hablar mal de la gente, y de los sabios en particular, conlleva castigo. Dicho de otra forma, es un crimen. Mirando a nuestro alrededor, sin embargo, parece que nadie toma esto en consideración. ¿Cuántas veces llamamos a alguien kāfir por tener una interpretación del Islam diferente a la nuestra? (Piensa en la típica frase “Eso no es Islam, esos no son musulmanes…”) ¿Cuántas veces hablamos de un sabio como desviado o innovador por tener algunas opiniones diferentes a los sabios que nos gustan a nosotros? (Piensa en la típica ‘refutación’ donde preguntan a un shayj sobre un sabio sin mencionar el nombre del sabio al que quieren difamar, sino algo como “¿Qué dirías de un shayj que dice …” con frases sacadas de contexto).

El problema es que todos hemos oído las ayat, como Q49:12:

وَلَا تَجَسَّسُوا وَلَا يَغْتَبْ بَعْضُكُمْ بَعْضًا أَيُحِبُّ أَحَدُكُمْ أَنْ يَأْكُلَ لَحْمَ أَخِيهِ مَيْتًا فَكَرِهْتُمُوهُ

No espiéis, ni habléis mal los unos de los otros. ¿A alguno de vosotros le gustaría comer la carne de su hermano muerto? ¡Lo odiaríais!

O los hadīces, como el narrado por Abu Dawud sobre el ascenso del Profeta (saw), donde dijo: ‘Cuando fui ascendido al cielo pasé por una gente con uñas de latón que se arañaban las caras y los pechos, y dije: “¿Quiénes son estos, Yibrīl?” Me dijo: “Esos son los que comen la carne de la gente y atentan contra su honor”.’ O este otro narrado por al-Bujārī y Muslim: “Quien me garantice lo que tiene entre sus mejillas y lo que tiene entre sus piernas, yo lo puedo garantizar el paraíso.”

A pesar de que sabemos que hablar mal de los otros es harām, y sabemos que evitarlo es una de las mejores maneras de llegar al paraíso, eso no nos impide continuar hablando mal de la gente, insultándonos los unos a los otros por placer, y acusándonos los unos a los otros sin pruebas.

Parte del problema es que la sociedad en la que vivimos también está basada en esto. Los participantes en programas como Gran Hermano son elegidos para causar fricción, para que la gente ame a unos y odie a los otros, para que alabe a unos e insulte a los otros. Las tertulias de televisión están basadas en que los representantes de los partidos hablen mal los unos de los otros, aunque sea de manera muy refinada. Cuando nuestros políticos hablan, mezclan mentiras con verdades sin ningún interés en decir algo constructivo, solo en criticar a sus oponentes. Y no podemos ni hablar de la prensa deportiva y las revistas del corazón, donde todo son intrigas, piques y rumores.

Dado que es así, ¿alguien se sorprende que nosotros, criados en este ambiente, hagamos lo mismo? ¡Qué diferente al Islam, donde proteger la dignidad de la gente es considerado uno de los seis principios fundamentales. Dijo Abu ‘Alī al-Ansārī en su rima sobre los principios de la escuela mālikī (Šarh, p.781):

الأنبيــا والرُّسُل أجـمـعونــا           وسـائرُ الـمـلـل مـجـمـعونــا

علـى اعتقاد كلمة الـتـوحـيدِ           دون تــوقُّـــفٍ ولا جـحـــودِ

وحفظِ دينٍ أنفُسٍ مع النسَبْ            والعقلِ والعرضِ ومالٍ يُكتسبْ

Todos los Profetas y Mensajeros,

                y el resto de los pueblos monoteístas están de acuerdo

En la creencia en un únicos Dios

sin interrupción ni rechazo.

Y proteger (i) la religión, (ii) las almas, (iii) el linaje,

                (iv) La razón, (v) la dignidad y (vi) la riqueza que se gana.

Y dijo al-Laqqānī:

وحِفظُ دينٍ ثم نفسٍ مالْ نَسَبْ         ومثلُها عقلٌ وعِرضٌ قد وَجَبْ

Proteger (i) la religión, luego (ii) el alma, (iii) la propiedad, (iv) el linaje,

                E igualmente (v) la razón y (vi) el honor, es obligatorio.

 

Y dijo al-Laqqānī en su comentario (Hidāya, II/1258): “Proteger estas cosas mencionadas es obligatorio en todas los sistemas legales, igual que es parte de nuestra ley.”

Y esto está confirmado por el hadīz narrado por al-Bujārī y Muslim, y citado por al-Laqqānī, donde el Profeta (saw) dijo en el día del sacrificio en el Hayy: “Vuestra sangre, vuestra riqueza y vuestra dignidad deben ser tan sagrados par vosotros como este día vuestro en este mes vuestro en esta ciudad vuestra”.

Allah nos prohibió faltar el respeto a la gente y el Profeta (saw) nos enseñó la importancia de tener ese respeto. Hoy en día, sin embargo, pocos tienen respeto por los demás. Pero me pregunto: si tuviésemos el temor de ser castigados por nuestra lengua, de recibir unos golpes por decir barbaridades, como está descrito en los libros de ley, posiblemente tendríamos más cuidado. Así pues, la próxima que vayamos a llamar a alguien kāfir, o desviado, o tramposo, o mentiroso, sin ningún tipo de prueba… o la próxima vez que vayamos a decir que el shayj fulano es un desviado o un innovador, recordemos que lo que vamos a hacer no es solo un pecado por el que Allah nos juzgará, sino que es un crimen en el sentido mundano. Y que al hacer eso, no somos más que vulgares criminales.

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