Reflexiones en este Ramadan triste

 

Cuando llega Ramadan, todos queremos disfrutar. Queremos enfocarnos en nuestras adoraciones, dedicarnos a rezar, a leer el Qur’an, a romper el ayuno con queridos y amigos, a dar caridad y a mejorar nuestros corazones y purificar nuestras almas.

Sin embargo, a veces es difícil, y en particular cuando pasa algo como la masacre de Orlando o el asesinato en las afueras de Paris. Estas cosas son imposibles de ignorar, no solo porque están en todos los periódicos y noticiarios y porque todos los analistas y políticos intentan sacar tajada, sino porque tienen consecuencias prácticas. De repente todos estamos un poco más preocupados cuando salimos a la calle y en particular mujeres con hiyab que son tan visiblemente musulmanas. Mi vecino me contó que ayer un coche intentó atropellarle según iba a la mezquita. En redes sociales como Facebook, o en grupos de whatsapp y telegram, los musulmanes reaccionan, y la mayor discusión siempre suele ser entre los que dicen perdón y expresan simpatía con las víctimas y los que se niegan a decir perdón.

O sea que, queramos o no queramos, estos atentados nos distraen de nuestro Ramadan. No sé cómo reaccionarán otros, pero toda esta negatividad mí me afecta bastante.

Así que, en parte como terapia personal, quiero hacer algunos comentarios sobre el tema.

Decir perdón o no decir perdón: esa no es la cuestión

La discusión sobre si es apropiado pedir perdón o expresar simpatía por la victimas es una discusión redundante. Los críticos lo presentan como una forma de aceptar responsabilidad por el atentado, aunque tanto los que hacen estas declaraciones como los que las critican están de acuerdo en que estos atentados no tienen nada que ver con el Islam.

En realidad estas declaraciones son más que nada un cálculo político. Ante nuestra incapacidad de dirigir o influir en la cobertura mediática, tenemos dos opciones:

  1. Hacer una declaración que en gran medida será ignorada pero que al menos cumple el requisito simbólico de haber condenado el acto, y que posiblemente reduzca tensiones al mostrar a la sociedad en general que la gran mayoría de musulmanes rechaza este tipo de atentado
  2. Echar pestes y acusar a los de siempre: los musulmanes vendidos, la CIA, los sionistas, el racismo, la guerra de Irak, y los medios de comunicación. Eso sí, sin ofrecer ninguna alternativa a las declaraciones más que echar pestes.

Pero esta obsesión sobre cómo reaccionar a cada nuevo atentado no me interesa, pues no hace nada para prevenir futuros atentados.

 

Ser musulmán tras el 11S

Los atentados del 11S ocurrieron hace ya quince años. El asesino francés Larossi Abballa tenía 25 años. Omar Mateen tenía 29 años. Los que llevaron a cabo el atentado del teatro Bataclan tendrían ahora todos menos de treinta años. Los Michael Adebowale y Michael Adebolajo tenían 22 y 28 años cuando asesinaron a Lee Rigby en Londres. O sea, la mayoría de los atentados de los últimos años fueron hechos por gente que tenían entre diez y quince años cuando los atentados del 11S. Son jóvenes hombres que desde muy joven solo han visto imágenes problemáticas de musulmanes, tanto en películas, como en series de televisión, como en noticiarios. No solo los musulmanes terroristas, que son la gran mayoría de los musulmanes en los medios de comunicación, pero musulmanes ‘civiles’, que siempre son una representación occidental de cómo deberían ser los musulmanes:

  • El ‘buen musulmán’ religioso que apoya a occidente y nunca critica las políticas occidentales –como las invasiones, las torturas o el apoyo a dictadores brutales.
  • El ‘buen musulmán’ occidentalizado que ni reza ni ayuna pero que seguro que se acuesta con el personaje blanco. Este personaje si critica políticas occidentales muy de vez en cuando, pero nunca cuestiona la superioridad moral de las ideas occidentales (libertad, democracia…).
  • El ‘buen musulmán’ oprimido. Este personaje es casi siempre una mujer que quiere escapar del patriarcado musulmán a la libertad occidental.
  • Por último, el musulmán criminal común.

Añade a esto el discurso venenoso de muchos políticos que llevan desde el 11S o incluso antes utilizando la islamofobia para distraer a sus poblaciones de sus fracasos políticos y económicos.

Creciendo con estas representaciones y con esta narrativa política, ¿alguien se sorprende que haya muchos musulmanes trastornados? Yo no. Y sospecho que esto va a empeorar, pues hay muchos jóvenes que solo conocen el discurso político y la representación mediática pos-11S, y que van a pasar toda su vida sintiendo que nunca van a ser aceptables a la sociedad occidental al menos que dejen de ser musulmanes. O, en muchos casos, aunque dejen de ser musulmanes. Esto está más acentuado aún en Francia donde además de lo mencionado, los musulmanes son víctimas de un racismo diario a nivel político, institucional, económico y social.

 

Intento de categorizar a musulmanes occidentales

Claro, no todos esos trastornados se vuelven terroristas. El trastorno puede afectar a musulmanes de muchas maneras, pero yo los clasificaría de la siguiente manera

  1. Los callados. La gran mayoría de los musulmanes en occidente: gente humilde que intentan vivir una vida normal y cuidar de sus familias. Algunos son religiosos, otros no tanto. Pero todos sienten el rechazo generalizado de la sociedad.
  2. Los trepas puros. Estos son los que quieren ser más blancos que los blancos para así ser aceptados. Suelen ser ambiciosos, universitarios, y dispuestos a esconder sus raíces musulmanas si les ayuda a trepar.
  3. Los trepas religiosos. Suelen ser ambiciosos, universitarios, afiliados a movimientos islámicos ‘respetables’ como los Hermanos Musulmanes o el sufismo occidentalizado. Creen que la sociedad les aceptará si son musulmanes ‘respetables’.
  4. Los rebeldes criminales. Estos son los que se rebelan contra la sociedad y expresan esa rebeldía a través de la criminalidad.
  5. Los rebeldes religiosos. Estos pueden ser violentos o no violentos, pero su discurso es muy similar: la culpa es siempre de occidente y es una guerra contra el Islam. Así pues, los no-violentos fundamentalmente refuerzan el discurso de los violentos.
  6. Los hipsters. Los que siguen las modas y las atribuyen al Islam. ¿Los gay están de moda? Pues la homosexualidad en el Islam. ¿El feminismo es lo último? Pues feminismo islámico. ¿La izquierda arrasa? Pues el Islam socialista. Son fundamentalmente reaccionarios pero juegan un papel importante.

Sé que esta categorización no es más que una aproximación básica que no recoge la compleja variedad de la comunidad musulmana, pero aún así me parece útil como punto de partida.

 

Los movimientos islámicos en occidente

Los musulmanes más vulnerables al radicalismo son los más marginados, y sin embargo demasiados de nosotros estamos creando una cultura islámica occidental apropiada para musulmanes de clase media. En mis grupos de whatsapp con imames y ulema de segunda generación del Reino Unido, EEUU y otros países occidentales, siempre me sorprende hasta que punto la preocupación es con musulmanes profesionales: los musulmanes empresarios, médicos, ingenieros… pero no con los musulmanes albañiles, dependientes, administrativos, o los que no tienen trabajo. Eso puede que no sea la preocupación en el mundo de habla hispana, pero las grandes figuras del Islam anglosajón tienen mucha influencia sobre los musulmanes hispanohablantes y me parece que ya nosotros vamos en la misma dirección.

En gran medida lo entiendo. Al fin y al cabo, muchos de estos jovenes imames son gente culta que ha estudiado mucho, leído mucho, y en muchos casos viajado mucho. No es de extrañar, pues, que desarrollen lazos sociales con gente igual de culta e igual de internacional que ellos (los médicos, los empresarios, los ingenieros, etc.), en vez de con el chaval que solo conoce su barrio en España y su pueblo en Marruecos, y que ni terminó la educación obligatoria. O con el delincuente que ha empezado a venir a la mezquita tras salir de la cárcel. Y no digamos ya con el chaval que con mala leche se mete en debates argumentando posiciones que ni siquiera entiende.

Yo entiendo a estos imames, y si estuviese en su posición seguramente pasaría de los musulmanes más humildes, aunque me avergüenza decirlo. Aparte de que eso va en contra de la ética islámica, otro problema más práctico es que eso aleja a los musulmanes más marginados, mas vulnerables, del Islam ortodoxo, pues se sienten aislados de un discurso que es, digamos, demasiado ‘burgues’ para ellos. Y si se sienten aislados del Islam ortodoxo, entonces el Islam heterodoxo encuentra sitio, y en particular si es un Islam más gueto y más radical.

¿La solución?

Aquí es donde empiezo a atascarme. Desde luego que los que enseñan tienen que enseñar un Islam equilibrado y basado en el estudio serio. Pero lo que ya ha quedado claro, y todos lo sabemos, es que los asesinos no se radicalizan en las mezquitas. No son los imames los que les incitan a la violencia, ni los profesores religiosos, ni los que hacen da’wa, ni los ulama. Eso quiere decir que el trabajo no está en la mezquita ni en los seminarios islámicos.

Eso por un lado. Por otro lado, el trabajo no puede ser solamente enseñar el Islam equilibrado. La realidad es que lo que diga el Qur’an, lo que haya dicho el Profeta (saw), lo que hayan dicho los ulama a través de la historia, no importa mucho a esta gente. El deseo de matar a inocentes no tiene nada que ver con teología y metodos de derivar fiqh. Estos pasan de Ibn Taymiyyah o al-Gazzali y metodologías de interpretación. Estos un día están tomando drogas y al día siguiente diciendo Allah akbar mientras matan a inocentes y no tiene nada que ver con teología o fiqh.

El paralelo apropiado son los blancos trastornados que deciden cargarse a sus compañeros de clase. La diferencia es que los musulmanes saben que si gritan Allah akbar van a salir en todos los noticiarios del mundo.

El problema de fondo es uno de trauma emocional. El pasar años viendo que por tu religión eres tratado como un ser humano de segunda categoría es muy dificil. El ver que los únicos modelos que se te presentan son terroristas u otros musulmanes trastornados también es muy difícil. El criarte con películas de Hollywood donde un puñado de valientes luchan contra el imperio del mal (La guerra de las galaxias, El señor de los anillos, Los juegos del hambre, Braveheart, Gladiador, etc…) y soñar con ser un heroe, pero ver que tu futuro va ser como repartidor de butano, dependiente en MediaMarkt, o contable en una oficina gris, también es difícil.

No es de extrañar que muchos pierdan el equilibrio emocional. Y si pensamos en los paralelos entre la fraternidad guerrera representada en esas películas de Hollywood y la fraternidad en bandas criminales y movimientos yihadistas, rapidamente nos damos cuenta de que los pararelos no son casuales.

Tras los ataques de Charlie Hedbo estuve hablando con un musulmán que trabajaba en la policía inglesa y que estuvo varios años en el departamento de contraterrorismo. Me dijo que había dos problemas fundamentales que se veían venir:

  1. El primero era que la diferencia entre criminales comunes y radicales es cada vez más difícil de distinguir. Esto está claro, y vimos que varios de los ‘radicales’ del ataque de Bataclan en realidad solo eran criminales comunes que en el último momento habían gritado ‘Allahu akbar’ para dar sentido a sus crimenes. Esto pone a los servicios de inteligencia en una posición muy dificil, pues hay muchos criminales comunes y no es posible predecir cuales son los que van a dar ese vuelco y convertirse en asesinos ‘religiosos’.
  2. El segundo era que no podían controlar los actos de ‘lobos solitarios’, pues nadie sabía quienes eran. Los servicios de inteligencia saben quienes son los radicales ideológicos y quienes son los que están a su alrededor, pero no pueden saber que alguien como Omar Mateen -que ya había sido investigado y del que no había ninguna prueba de que estuviese radicalizado- iba a dar un vuelco y cometer un asesinato en nombre de Daesh.

O sea, esta gente no se convierten en asesinos porque sigan una metodología hermenéutica particular o porque tengan una comprensión del Islam erronea. En la mayoría de los casos ni siquiera tienen una comprensión del Islam. Son gente que tienen una reacción emocional a su entorno y su situación social y utilizan el Islam para darse legitimidad y sentirse importantes.

Entonces con esta gente, explicar el Islam ‘correcto’ es lo de menos. Ni les interesa ni lo van a aceptar. Mi posición es que tenemos que empezar antes de eso, darles protección para que a priori no se trastornen. Eso requiere luchar contra las representaciones que trastornan las mentes de musulmanes jovenes.

Esta idea me vino tras encontrarme con un video muy interesante en YouTube de un hermano del Reino Unido que va a escuelas y habla con jovenes. Este hermano es de origen caribeño y enfoca su trabajo hacia la comunidad negra, que lleva sufriendo siglos de trauma, hasta el punto que el estereotipo del negro traumatizado se ha convertido en un producto comercial -en particular en el mundo del rap.

Parte de lo que este hermano hace es explicar a estos jóvenes como pueden defenderse de estas imágenes negativas, dejándoles ver como manipulan nuestro subconsciente. Hacer algo parecido con musulmanes en nuestras comunidades podría ser parte de la solución.

 

¿Daesh es algo particularmente suní?

Esta es una pregunta que se ha planteado y me parece que es una buena pregunta si se hace en serio. Con esto quiero decir que si es una pregunta retórica para que laicistas, cristianos o chiitas puedan darse falsos aires de superioridad moral, entonces no merece la pena perder el tiempo con propaganda de tercera categoría. Basta recordar todas las guerras de la época colonial y la época de Pax Americana para responder a los laicistas,  y de las cruzadas -además del apoyo moral al colonialismo- para silenciar a los cristianos, y las masacres de sunis por los Safavids además de las barbaries cometidas por milicias chiitas en Irak y Siria para silenciar a los chiitas.

Pero si la pregunta se hace con ánimo de intentar encontrar soluciones a la propaganda de Daesh, entonces me parece una pregunta interesante. Pero antes de contestar, hay que dejar una cosa clara:
La relación entre el sunismo y Daesh es como la relación entre el conservadurismo de Merkel y el nazismo de Hitler, o el izquierdismo de Podemos y el estalinismo. O sea, hay una genealogía intelectual que lleva del sunismo a Daesh de la misma manera que hay una genealogía intelectual que lleva desde una ideología de izquierdas o conservadora a Stalin o Hitler. Y de la misma manera que si votas al PP, eso no significa que vayas a apoyar una guerra mundial, la limpieza étnica de los no arios, y camaras de gas, el ser suní no significa que vayas a apoyar a Daesh.

Habiendo dejado eso claro, creo que los factores internos más importantes para que Daesh pudiese existir son los siguientes:
1. El movimiento wahabi. Este movimiento fue una de las muchas rebeliones contra el imperio otomano. Pero esta rebelión tenía varias características particulares: (i) desarrollo una teología para justificar su rebelión que legitimaba el uso de la violencia; (ii) el éxito de esa rebelión, que formó el estado de Arabia Saudí; (iii) el proselitismo de esa rebelión. El papel del wahabismo en Daesh ha sido fundamentalmente crear un precedente histórico reciente, tan reciente que su teología todavía no se ha adaptado a las realidades políticas de gobernar.
2. El Islamismo egipcio. El precedente wahabi puede dar legitimidad a Daesh, pero las verdaderas raíces ideológicas y organizativas están en Egipto. Empieza con el anti-colonialismo de los Hermanos Musulmanes y su preocupación por el poder político y gobierno islámico. Su activismo llevó a la represión, lo cual radicalizó a algunos miembros y estos crearon sus propios grupos. Tras varias mutaciones, estos grupos desarrollaron las teorías del yihadismo moderno. Cuando estos yihadistas se reunieron en Afganistán con luchadores de todo el mundo musulmán allí crearon Al Qaeda.
3. Saddam Husein. Saddam siempre fue un bruto, y sus servicios de seguridad reflejaban su brutalidad. Pero lo que Saddam aprendió tras la guerra del golfo de 1991 era que el discurso religioso le daba más legitimidad que el nacionalismo árabe. Así que Saddam islamizó a Irak, y eso incluía los servicios de seguridad. ¿Torturadores islamistas? Pues si. Y cuando los americanos los disolvieron, estos se aliaron con los criminales que Saddam liberó y los yihadistas de Al Qaeda y ¡voila!

En cuanto a factores externos, tenemos muchos: el colonialismo que destruyó las instituciones nativas y las suplió con dictadores y creó Israel; los americanos por su incompetencia estratégica en toda la región; los laicistas árabes que tanto trabajaron para legitimar las dictaduras árabes; los Hermanos Musulmanes por su incompetencia política; Irán por llenar Irak de clientes políticos y milicias chiitas tan brutales como Daesh, además de su apoyo sin límites a Asad; Arabia Saudí por liderar la contrarrevolución árabe y su incompetencia estratégica. Esto en resumen.

Cada uno de estos actores, cada uno de estos actos, fue fundamental para crear a Daesh. Basta con pensar en la caída de Morsi en Egipto. Allí, la combinación de incompetencia de los Hermanos, la contrarrevolución financiada por los saudíes, el apoyo mediático de los laicistas árabes y la colusión de EEUU hizo a muchos musulmanes pensar que la única manera de cambiar el sistema es la violencia, así legitimando el discurso yihadista. Igualmente, la insistencia israelí en invadir Irak, la ignorancia estadounidense para planificar para Irak, la habilidad iraní para hacerle la jugada a EEUU, y la combinación de yihadis, criminales y miembros de las fuerzas de seguridad siempre iba a ser tóxico.

Así que si, veo que Daesh es producto de un contexto suní. Eso es uno de los factores. Si vamos a utilizar el aspecto suní para intentar encontrar soluciones, eso puede ser útil. Pero si vamos a vender la ficción de que la razón fundamental para que Daesh exista es que son sunís, entonces pido respetuosamente a los que presentan tal argumento que dejen de fumar porros, por lo menos durante este mes tan especial.

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