Mis profesores

Este año he estado muy ocupado. Aparte de responsabilidades cotidianas, como el trabajo y la familia, he estado estudiando en serio. Gramática, algo de estudios Qur’anicos (ulum al-Qur’an), varios libros en fiqh, varios de teoría legal (usul al-fiqh), hadiz, principios legales (qawa’id fiqhiyya), y algunas cosas más. Estoy agotado pero feliz.

La cosa es que cuando uno estudia con sabios cara a cara, cuando tiene tiempo para preguntar e indagar, cuando uno ve como los sabios responden a las preguntas que nosotros nos hacíamos a nosotros mismos, cuando uno ve como son como personas, entonces uno se beneficia de verdad. Quiero hablar un poco sobre cada uno de mis profesores este año, pero sin mencionar nombres.

El primero, un shayj sirio que debe tener unos 60 años. Este shayj es muy cariñoso, muy tranquilo, de voz suave, y de muy buenos modales. Pero es un profesor bastante malo y estudiar con él no es buena idea. No porque no tenga conocimiento, sino porque es mal profesor. Cada vez que vengo a visitar a este shayj me lo encuentro leyendo, y la mejor forma de aprovecharme de él es preguntarle sobre lo que está leyendo. Entonces el shayj explica sobre el libro, el autor, critica las diferentes ediciones de sus libros, saca libros relacionados, lee unas páginas de aquí y otras de allá, y terminas aprendiendo mucho sobre algún sabio en particular o algún tema concreto. Además, a este shayj le gusta leer hadiz, así que es bueno para sentarse y leer libros de hadiz de principio a fin y parar para preguntar sobre cosas ambiguas o poco claras.

El segundo, un shayj mauritano con el que he estado estudiando gramática y la Risala de Ibn Abi Zayd en fiqh. Como la mayoría de los mauritanos, el shayj tiene un aire muy simple y nada burgués, y es cálido y amistoso, siempre con una sonrisa casi pícara. A pesar de que es un especialista en fatwa y sabe mucho fiqh, está claro que lo que de verdad le hace disfrutar es la lengua árabe y es un grándisimo profesor. Consigue hacer que los temas más difíciles sean accesibles, sabe cuanto enseñarte para que no sea demasiado difícil, siempre está citando ejemplos del Qur’an y poesía clásica, y siempre se queja de que no tiene suficientes estudiantes que quieran estudiar la Alfiyya de Ibn Malik y textos parecidos. Aunque es un buen profesor de fiqh, está claro que no disfruta enseñándolo tanto como disfruta enseñando lengua. Ahora, si le preguntas sobre temas más prácticos como fatwas contemporaneas o temas de actualidad, ves que es una persona que piensa y reflexiona desde un punto de vista práctico, y no solo teórico.

El tercero es otro shayj mauritano que viene de una familia de ulama. Este es más intelecto puro, menos amistoso y personal que los dos anteriores. Con él he estudiado teoría legal, además de un poco de Mujtasar Jalil en fiqh, y está claro que domina ambos temas. Este shayj es el ideal cuando quieres entender porque este principio legal es así o este tema de fiqh es asá. Por ejemplo, cuando estabamos estudiando hayy en Mujtasar Jalil, vimos que para los Malikis basta con hacer intención general para el hayy sin necesidad de hacer la intención particular para el hayy obligatorio (o sea, hay que hacer el hayy por lo menos una vez en la vida si es posible, y ese hayy es el obligatorio) o el hayy recomendado (cualquier hayy que no es el obligatorio). Ahora, Mujtasar Jalil en tahara dice que no basta la intención de purificarse (tahara) para el wudu’, sino que hay que especificar la intención para rezar, o leer Qur’an, o estar en estado puro, o cosas parecidas. Así pues, pregunté al shayj porque en tahara hay que especificar la intención y en el hayy no. El shayj immediatemente respondió: Porque es muy dificil que la intención del hayy no sea ‘ibada para Allah, mientras que tahara en realidad es lavarse con agua, con lo cual es más factible que alguien lo haga sin intención de ‘ibada, como por ejemplo para limpiarse o refrescarse en un día de calor. Una respuesta que va directo al grano. Y así por lo general era en todo. Además de que el shayj conocía cantidad de poesías y rimas que citaba, y cantidad de historias de los ulama que nos contaba.

El cuarto shayj es otro mauritano. Con este estudié Mujtasar Jalil desde el principio (todavía estamos en tahara). Este es el más santo de todos. Una persona con un caracter que envidio: tan tranquilo, tan paciente, tan buena persona. Y el más dispuesto a contarme sobre él, sobre su vida, sobre sus profesores, sobre las costumbres de su gente. Fue él quien me explicó que muchos ulama mauritanos no tienen iyaza en los textos que estudiaron por humildad, porque sentían que no era apropiado recibirla. Me contó que en los viejos tiempos, el mahr típico en Mauritania eran unos sacos de azucar con el camello que los transportaba, y que lo normal era devolver la mitad. Hablamos sobre como Mujtasar Jalil refleja particularidades de esa época, como las jarras con alquitrán, y con él me di cuenta de que cada región tiene su propia manera de interpretar el Mujtasar. También le vi más reservado a la hora de dar fatwa, menos dispuesto a darme una respuesta y más dispuesto a decir ‘No se’ o ‘No encontré nada que me convence del todo’.

El quinto shayj es otro mauritano, un profesor universitario. Con este estudié un texto mauritano de metodología de fatwa. Como profesor era demasiado lento, explicando lo que estaba claro y no necesitaba explicación. Además no hacía caso a mis preguntas y me respondía con cosas que no tenían nada que ver. Creo que es consecuencia de dar clase a jovenes universitarios que no tienen ni idea. Pero este shayj era muy interesante para hablar sobre temas más académicos e intelectuales, y gracias a él conocí al muy interesante Muhammad Mujtar al-Shinqiti, un intelectual con formación de estudios tradicionales en Mauritania pero que es bastante revolucionario (uno de mis amigos lo llama un trotskista islámico).

El sesto shayj es un juez mauritano, hombre ya mayor, capaz de enseñar casi todo. Con él estudié parte de la Muwatta y una rima mauritana sobre purificación del alma. Tenía la voz cascada por la edad, y era una persona tranquila, pero también tenía un aspecto algo geek con sus gafas grandes que ponía para leer sus notas. Esta era la única clase general que tenía (todos los demás eran estudios de uno-a-uno), con lo cual era más dificil conocer al shayj como persona. Pero lo que se veía en sus clases de Muwatta es que era un sabio de mucha categoría, en particular en fiqh.

El septimo shayj es un yemení que estudió con Muqbil al-Wadi’i y Abdul Karim Zaydan entre otros. Un hombre inteligente, directo, de personalidad fuerte. Ha enseñado grandes libros como Sahih Muslim, y está escribiendo un comentario de Abu Dawud que será unos veinte tomos (que Allah le ayude a completarlo). Quise estudiar la Muqaddima de Ibn Salah con él, e insistió que al mismo tiempo teníamos que estudiar Tartib al-furuq de al-Baquri en qawa’id fiqhiyya. Y es que este shayj, a pesar de poder enseñar las ciencias de hadiz, lo que más le gusta es el fiqh. Pero no el fiqh tradicional de las escuelas, sino un fiqh minimalista y basado en aplicar teoría legal (usul al-fiqh) directamente a las fuentes, al estilo de los grandes ulama del Yemen como al-Amir al-San’ani, al-Shawkani y al-‘Amrani. Este shayj ha escrito al-Muqaddima fi fiqh al-asr (La introducción al fiqh contemporáneo) y varias veces en clase lo sacó para darme ejemplos ilustrativos. La verdad es que era dificil estudiar con él, ya que iba tan rapido que un pobrecito como yo no podía aguantar. Pero eso sí, es muy bueno para temas contemporáneos.

El octavo (y creo que el último) es un maravilloso shayj del Sudán especialista en usul. Este shayj es ya mayor, tranquilo, apacible. Era dificil estudiar con él: hoy no podía darme clase, mañana tampoco, al día siguiente tampoco… Pero insistí y conseguí estudiar algo del libro de Ibn Rushd sobre usul al-fiqh con él. Eso sí, cuando lo estudiabamos era muy interesante porque más que explicarme lo que Ibn Rushd estaba diciendo, lo que el shayj hacía era explicarme las implicaciones de lo que estaba diciendo, y como eso reflejaba el pensamiento filosófico de Ibn Rushd. Pero además de eso, el shayj es casi como un abuelo que me invita a iftar casi todos los días -que Allah le recompense.

Hace muchos años, uno de mis profesores me dijo que todos necesitamos un shayj: alguien con quien tengamos una buena relación personal, alguien que haya pasado por lo que estamos pasando y que entienda nuestras experiencias desde una perspectiva más madura. Esto es algo que en los últimos años he echado de menos, pero este año ha sido una oportunidad para conectar con ulama y tener una idea de que es lo que necesito. Sin embargo, a diferencia de mi profesor, creo que necesitamos más de un shayj o profesor, pues cada uno aporta algo diferente y cada uno nos beneficia de una manera diferente. Es la belleza de sentarse con los ulama.

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