Perdido en el polo norte

Hace muchos años estábamos estudiando fiqh con un shayj mauritano, y cuando el shayj mencionaba las diferentes opiniones, algunos alumnos le preguntaban cuál era la opinión correcta. En algún momento se cansó de la pregunta y dijo “Si discutimos el tema y analizamos los argumentos, podemos llegar a una conclusión, y si otro profesor con otros alumnos hacen lo mismo, pueden llegar a otra conclusión. Con lo cual es mejor dejar las discusiones sobre cual es la opinión ‘correcta’.” (esto fue hace unos 20 años o sea que seguro que no lo dijo así, pero ese era el significado) 

Y cuando me tocó a mí enseñar y explicar hadices con implicaciones legales, donde mencionaba las opiniones de las diferentes escuelas, mis alumnos me hacían la misma pregunta, y yo les contaba la anécdota de mi shayj mauritano. Pero añadía que el problema es que para cada argumento que los ulama de una escuela podían hacer, los ulama de otra escuela podían hacer un contra-argumento. Y los de la primera escuela podían hacer un contra-contra-argumento, y los de la segunda escuela podían hacer un contra-contra-contra-argumento, y así podían estar horas y días y meses y años y siglos. Y entonces, en vez de complicarnos la vida con argumentos y contra-argumentos sobre si se puede hacer wudu con leche, por ejemplo, cogemos un libro de fiqh de una escuela y lo estudiamos de principio a fin en el tiempo que tardaríamos en leer todos los argumentos sobre hacer wudu con leche, y todavía tenemos tiempo para leer un segundo libro en la escuela con más detalles y más pruebas.

Esto todo me viene a la cabeza porque veo a mucha gente perderse en argumentos polémicos. Entonces se pierden en un tema de aqida (como los atributos divinos o el estatus de ahl al-bayt), o fiqh (como qué hacer con las manos en la oración o si pueden hacer wudu con leche) o política (¿Irán o Arabia Saudí? ¿Catalunya o España?) y se pasan días leyendo argumentos y contra-argumentos y contra-contra-argumentos y contra-contra-contra-argumentos, y en vez de tener las cosas más claras, cada vez las tienen menos claras. O peor aún, cogen los argumentos polémicos de un bando nada más y se vuelven fanáticos en afirmar que esos argumentos son los únicos válidos y que si no aceptas su posición es que no eres capaz de razonar, no estás buscando la verdad, eres un desviado, y cosas por el estilo.

El problema es que en la mayoría de estos casos, la gente no tiene ni las bases fundamentales para analizar estos temas. Si no entiendes el árabe ni has estudiado exegesis, ni métodos de interpretación, ni análisis de hadiz, ni tienes acceso a las fuentes originales, no tienes capacidad para distinguir entre argumentos serios y propaganda. Y por eso vemos a muchos hermanos que se pasan años estudiando temas secundarios o terciarios del Islam, pero al final se dan cuenta de que solo están haciendo taqlid de unos pocos predicadores de un grupo en particular, y además que perdieron años con estos temas de poca importancia y que fuera de este tema particular saben muy poco y no son mejores musulmanes.

Por eso mi consejo es: no te preocupes por estas cosas secundarias (o terciaras), pues eso no es lo que te va a salvar. Hacer tus oraciones a tiempo, leer Qur’an, ser buen hij@, espos@, padre/madre, tratar a la gente bien, es mucho más importante. Termino con otro consejo que decía a mis alumnos: Si somos capaces de vivir según los cuarenta hadices de al-Nawawi, seremos de los mejores musulmanes sobre la tierra. Así que menos polémicas, menos debates sobre temas secundarios, menos perder el tiempo, y más vivir como musulmanes.

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