Tajrīŷ al-dalālāt al-samʿiyya de ʿAlī bin Muḥammad al-Juzāʿī

Introducción

Al-Juzāʿī era de una familia de ulama de al-Andalus. Su abuelo llegó a ser consejero del rey granadino Muḥammad al-Aḥmar III, pero dada la situación política, su abuelo emigró a Tlemcen (Argelia) cerca del año 700/1300 donde se hizo secretario de la familia gobernante local, los Banū Zayyān. Allí nació nuestro autor, ʿAlī, por el año 710/1310, y siguiendo la tradición familiar, trabajó como funcionario en la corte. Sin embargo, la inestabilidad política en Tlemcen hizo que se mudase a Fes donde fue funcionario en la corte de Banū Marīn hasta el año 776/1374 más o menos, cuando parece que dejó de servir en la corte. Diez años más tarde (786/1384) había terminado de componer su libro, el cual fue presentado al sultan Abū Fāris Mūsā bin al-Mutawakkil al-Marīnī.

 

El contexto del libro

La relación entre los ulama y el estado siempre ha sido algo ambigua. Por un lado se alaba a los ulama que rechazaron trabajar en la administración, aunque fuese como qadis, pues siempre había la sospecha de que el estado era fundamentalmente inmoral y los gobernantes poco más que tiranos corruptos. Así pues, ¿cómo puede un sabio que ha consagrado su vida a Allah y al estudio de Su religión trabajar para tiranos corruptos? Por otro lado, la realidad es que los ulama como clase social jugaban un papel fundamental en el estado, pues la labor de los fuqaha era en realidad decidir que es la ley, y la labor de los qadis era decidir como debía implementarse la ley. El poder del gobernante (sultán, rey o califa) estaba limitado a elegir administrativos, jugar a la geopolitica y las intrigas en palacio, y ser patrón de los intelectuales, ya fuesen ulama, filósofos o poetas.

En este contexto, pues, existía una tensión entre los jóvenes idealistas que veían la cooperación con el estado como una traición del ideal del sabio independiente del gobierno que puede, gracias a su independencia, criticar sin comprometerse, y los ulama que formaban parte del estado y que en muchos sentidos tenían un papel más importante que los gobernantes en la administración del estado. En este libro, al-Juzāʿī, que pertenecía claramente al segundo grupo, quería demostrar que trabajar como funcionario no era problemático. Dijo en su introducción (p.22):

Cuando vi que muchos de los que no han profundizado en el conocimiento, y de los utensilios del estudioso no tienen más que la tinta y la pluma, pero creen que quien necesita trabajar en las profesiones que existen en estos días es un innovador que no sigue [la sunna], que profundiza en un camino de bajo prestigio, y no tiene un trabajo respetable, pedí la ayuda de Allah el magnífico y exaltado para reunir lo que se sobre esas ocupaciones en un libro que exponga y clarifique a los ignorantes su realidad. Así el ignorante aprenderá y el acusador será equilibrado… Mencioné para cada trabajo cual de los Compañeros fue nombrado por el Profeta (saw) para esa labor, para que quien haga ese trabajo hoy lo sepa y agradezca a Allah que la haya dado un trabajo de acuerdo a la ley sagrada que hizo un Compañero de los Compañeros del Profeta (saw)…

La edición del libro por Ihsan Abbas es más que aceptable. En vez de hacernos perder el tiempo con una larga introducción histórica que no aporta datos nuevos, y una larga biografía que no nos da mucha información, Abbas nos proporciona la información necesaria para entender el libro y su contexto de manera resumida y clara. Se basa en un manuscrito temprano y otros dos aceptables, y no llena las páginas de notas al pie poco útiles. Aún así, el libro son 919 páginas, de las cuales 17 páginas son la introducción de Abbas, 779 páginas son el texto de al-Juzāʿī, y el resto son índices.

 

Resumen del contenido

Tras una introducción corta donde al-Juzāʿī explica porque escribió el libro, nos resume la estructura de la obra que está dividida en diez partes cubriendo casi 800 páginas. La primera parte trata sobre los trabajos de palacio, como califa, ministro, consejero y así. La segunda sobre posiciones religiosas y educativas como profesor, muftī, imām, mu‘aqqit (quien hace los horarios para las oraciones). La tercera habla de los secretarios y escribas, empezando por los escribas del Qur’an y luego los escritores de cartas oficiales y los traductores. La cuarta es sobre los empleados en el sistema judicial como qadis, notarios, calculadores de herencias y encargados de prisioneros. La quinta parte mira los oficios ligados al ejército, como generales y soldados, portadores de banderas, fabricantes de armas y encargados de cuidar de las familias de los soldados. Esta sección es sin duda la que más categorías tiene con 45 oficios. La sesta parte es sobre los que trabajan en la colecta de impuestos, incluyendo intérpretes. La séptima parte es sobre trabajos relacionados al almacenamiento, desde tesoreros a los que cuidan el grano y los animales. Esta parte contiene además una detallada discusión sobre las diferentes medidas en peso, volumen y longitud. La octava parte mira labores variadas pero dominadas por el aspecto médico y psicológico como doctores y especialistas en ruqya. La novena parte mira los diferentes tipos de oficio y artesanía, incluyendo nodrizas y cantantes. La décima parte es lo que muchos autores pondrían en su introducción, pues incluye definiciones (la diferencia entre ināʿa, irfa y ʿamal, por ejemplo), parámetros morales y las fuentes del estudio.

Al-Juzāʿī, al haber pasado largos años como secretario, escribe bien y escribe solamente lo necesario. Así pues, tras el titulo de la sección, immediatamente cita su fuente y transmite el texto. A veces añade información sobre los Compañeros mencionados. Y si tiene oportunidad se asegura de explicar palabras difíciles. Todo esto de manera resumida sin desperdiciar papel.

 

Observaciones

Sin embargo, es interesante que no todas las labores mencionadas en el libro tienen precedente en la época del Profeta (saw). Por ejemplo, cuando habla de maālim (algo como un tribunal supremo) cita a Abū Bakr ibn al-ʿArabī diciendo (p.283): “Esta wilāya no es original y fue inventada por gobernantes más tardíos cuando se extendió la corrupción de los gobernantes y el pueblo.” Tras lo cual explica la historia de maālim citando a Ibn al-ʿArabī, al-Māwardī e Ibn al-Aʿrābī para mostrar que tiene sus orígenes en la época omeya.

También hay bastantes ocasiones donde los títulos de las posiciones oficiales tienen poco que ver con el contenido de las tradiciones citadas. Por ejemplo, bajo la posición de āib al-sirr (literalmente ‘el compañero del secreto’), al-Juzāʿī menciona (p.63) dos narraciones que declaran a Ḥuḏayfa bin al-Yamān como āib al-sirr del Profeta (saw), pero en ambos casos esta claro que no se refiere a ningún tipo de posición oficial, sino una referencia al nivel de confianza que el Profeta (saw) tenía con Ḥuḏayfa. La posición de āib al-sirr, sin embargo, parece haber sido una posición oficial en los estados del Magreb (Shatzmiller, Labour in the Medieval Muslim World, p.158).

En otro ejemplo, la posición de āin (quien da permiso) se utiliza como si fuese sinónimo de āŷib. En este caso, el joven sirviente del Profeta (saw) Anas bin Mālik actuaba como recepcionista cuando gente venía a ver al Profeta (saw). Así pues, la gente se dirigía a él, él iba al Profeta (saw) y pedía permiso para dejar a la gente entrar, y por eso se le llamaba āin (quien da permiso). Esto, sin embargo, es muy diferente a lo que era el āŷib en la tradición política musulmana, y en particular en la tradición política andalusí donde el āŷib era el más alto funcionario, hasta el punto que algunos reyes de taifas utilizaron el título āŷib para argumentar que eran representantes legítimos del califa (ver Encyclopedia of Islam, III/46).

Pero a pesar de estos problemas -problemas que en realidad no son sorprendentes- el libro es interesante por la cantidad de información que contiene. Puesto que la preocupación de al-Juzāʿī era buscar los diferentes tipos de oficios que existían en la época del Profeta (saw), analiza las fuentes históricas desde una óptica diferente y extrae el tipo de detalles en los que no solemos fijarnos. En este sentido las narraciones recogidas son como una historia laboral del Islam temprano, mientras que los títulos de las posiciones administrativas son una ventana al sistema administrativo en los estados del Magreb en el siglo ocho/trece. Pero además, al-Juzāʿī utiliza un gran número de fuentes. Esto es algo que ya se nota al leer el libro, pero cuando uno lee la lista de fuentes queda impresionado. En total menciona 166 libros entre los que hay siete comentarios del Qur’an, catorce libros de ḥadīṯ, y muchos otros más. Cuando uno toma en cuenta que al-Juzāʿī estaba utilizando manuscritos y minándolos para extraer información nueva, uno queda aún más impresionado por el hecho de que el autor pudiese reunir tanta información (casi 800 páginas en letra normal sin copiosas notas) en lo que Abbas calcula que fueron unos diez años.

 

Conclusión

Muchas veces vemos que los libros se parecen unos a otros. En derecho, por ejemplo, Saḥnūn compuso la Mudawwana, luego al-Barāḏiʿī compuso el Tahḏīb, luego Ibn al-Ŷallāb compuso al-Tafrīʿ, luego Ibn Abī Zayd compuso la Risāla y Nawādir, y así iban basándose en los trabajos que precedieron para crear un trabajo parecido a los anteriores pero con diferencias sutiles. Sin embargo, este libro parece ser una verdadera obra original para el cual yo no conozco precedente. Es un libro que seguramente no es para leer de principio a fin. Sin embargo, como libro de referencia es muy útil. Más aún, creo que es un libro ideal para leer de cuando en cuando solamente por interés, pues nos hará mirar las fuentes desde una perspectiva diferente y enriquecedora.

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