Hikam (2): Lo que quieres

Dijo Ibn Ata’ Allah:

إرادتك التجريد مع إقامة الله إياك في الأسباب من الشهوة الخفية. وإرادتك الأسباب مع إقامة الله إياك في التجريد انحطاط عن الهمة العلية.

Querer practicar la renuncia (tayrid) cuando Allah te puso en el mundo de causalidad (asbab) es deseo mundano escondido (shahwa jafiyya). Querer estar en el mundo de la causalidad cuando Allah te ha otorgado la renuncia es rebajarse de las altas preocupaciones.

Aquí Ibn ‘Ata Allah utiliza dos conceptos importantes: (a) renuncia (tayrid) y (b) causalidad (asbab).

El estado de renuncia (tayrid)

El concepto de renuncia (tayrid) se refiere a librarse de todo lo mundano y depender absolutamente de Allah. Según Ahmad Zarruq, quien está en el estado de renuncia debe ser agradecido (shukr), esforzarse (tashmir) sin debilidad (fatra) o negligencia (taqsir), y debe cumplir las obligaciones religiosas, dando la espalda a todo lo mundano.

Esa tendencia ha existido entre los musulmanes desde la época de los Compañeros del Profeta (saw) y los sucesores. Entre los Compañeros, Abu Dharr, Abu ‘l-Darda’, Bilal b. Rabah y ‘Abdullah b. Mas’ud eran conocidos por ese ascetismo y renuncia a lo mundano. Abu Dharr, por ejemplo, tuvo problemas con Mu’awiya en Damasco por criticarle por su apego a lo mundano. Volvió a Madina donde tampoco se sintió satisfecho y terminó viviendo aislado en el campo, a unos 100km de Madina, en Rabdha, renunciando de la vida mundana y dedicado solamente a la adoración de Allah.

El estado de causalidad

Según Ibn ‘Abbad, el concepto de causalidad (asbab) se refiere a “aquello con lo que uno consigue las cosas mundanas”. En otras palabras, el trabajo. Lo que quiere decir es vivir una vida normal: trabajar, casarse, tener hijos, comprar un piso, pagar las facturas, y cosas así. La mayoría de los Compañeros vivían así, incluyendo los cuatro califas. Eran gente con responsabilidades mundanas, aunque eso no les impedía ser buenos musulmanes. Según Ahmad Zarruq, quien está en este estado de causalidad debe estar satisfecho con la voluntad divina (rida), ser paciente (sabr) y someterse a Allah (istislam). Debe cumplir sus obligaciones mundanas y religiosas al mismo tiempo.

El significado de la hikma

Así pues, en esta hikma, Ibn ‘Ata Allah quiere enseñarnos que debemos tener confianza en la sabiduría divina, y pone dos ejemplos opuestos. Por un lado, la persona que vive una buena vida normal: trabaja, cumple sus obligaciones familiares, ayuda a sus vecinos, tiene vida social, y al mismo tiempo se dedica a rezar, leer el Qur’an, hacer zikr, y cuidar de su corazón.

Por otro lado, una persona dedicada al servicio de Allah, en estado permanente de adoración y devoción, viviendo una vida humilde sin más ambición que dedicarse a Allah: sin carrera profesional, sin familia, sin responsabilidades.

Sin embargo, ambas personas sienten que no están completos y quieren lo que el otro tiene, sin apreciar que Allah les ha puesto en esa situación en Su sabiduría y misericordia.

Así pues, la persona viviendo una vida cotidiana posiblemente quiere tener esa libertad de no estar atado a responsabilidades, de ser conocido y respetado como piadoso en vez de ser uno más. Incluso puede decidir, sin más, que va a abandonar sus responsabilidades hacia su familia, utilizando el Islam como excusa. La consecuencia es que esa persona suele no llegar al nivel que pensaba que iba a llegar, pues no estaba contento con lo que Allah le dio y no lo apreció. Y ahora su familia, la gente a su alrededor pagan el precio, y además ven mal al Islam.

Por otro lado, la persona que ha renunciado al mundo, en realidad sólo ha renunciado a lo mundano de manera superficial, pues su corazón sigue atraído por lo mundano, en vez de apreciar las bendiciones que Allah le ha dado y entender que Allah le puso en esa situación en Su sabiduría.

Ibn ‘Abbad explica que esto es seguir los deseos (shahwa) porque “porque no se somete a lo que Allah quiere para él, y su propio deseo va en contra de eso”. Además es faltar el respeto a Allah porque es un rechazo de la situación en la que Él nos colocó.

Cambiar de estado

Pero, ¿acaso esto significa que uno no puede cambiar de un estado a otro por la voluntad de Allah? Según Zarruq, el problema no está en cambiar de un estado a otro, sino en como cambia de un estado a otro. Dice “Quien sale de uno de los dos estados, manteniéndose firme en sus obligaciones, pero ese cambio es por causas totalmente ajenas a él, su transición a lo opuesto es válida”. O sea, que esa transición de causalidad a renuncia (o viceversa) no ocurrió porque la persona intentó cambiar de un estado a otro, sino porque Allah lo hizo cambiar. En este caso, la transición no es consecuencia de rechazar la sabiduría divina, sino consecuencia de una evolución natural dirigida por Allah.

Dijo Ibn ‘Ata’ Allah en al-Tanwir: “Lo que Allah (al-Haqq) espera de tí es que te quedes allá donde Él te puso, hasta que sea Allah mismo (al-Haqq) quien te saque del estado en el que Él te puso”.

La sabiduría de esta hikma

Nosotros vivimos en una cultura que nos dice que nosotros controlamos nuestro destino y que todo está en nuestras manos. En muchos casos, esto hace que nos creamos más importantes de lo que somos, y más poderosos que el destino. Todos los días nos están vendiendo técnicas para hacernos ricos, conseguir más amigos, ligarnos a la pareja perfecta, etc etc etc. Implícito en estas técnicas está la idea de que el poder está en nuestras manos. Sin embargo, la realidad es que somos una molecula insignificante en un cosmos creado por Allah. Como musulmanes, tenemos que saber esto con certeza, no solamente como teoría abstracta que leemos en libros de aqida.

En esta hikma, Ibn ‘Ata’ Allah nos recuerda ese hecho fundamental: nosotros somos los débiles y Allah es el poderoso, y nosotros debemos aceptar esa realidad en nuestro corazón. Incluso si queremos mejorarnos a nosotros mismos, siempre debe ser sabiendo en nuestros corazones que no somos nosotros quienes cambiamos nuestra vida, sino Allah quien la cambia. No somos nosotros quienes cambiamos nuestro estado, sino Allah quien cambia de un estado a otro. No somos nosotros los que merecemos el Islam, sino Allah quien no los da en Su generosidad.

Otra cosa que tenemos que entender es que si estamos viviendo como musulmanes, cumpliendo con nuestras obligaciones religiosas y sociales, tenemos que agradecer a Allah por esta gran bendición. En ver de estar insatisfechos porque no somos un famoso predicador o mufti reconocido por las masas, o un asceta libre de responsabilidades mundanas, debemos recordar que Allah nos puso en esta situación en Su sabiduría. Vemos muchos de los que se meten a predicar, o a ser estrellas de redes sociales, y al final terminan causando problemas (fitna), metiéndose en polémicas que no ayudan a nadie, dividiendo la comunidad aún más, a veces incluso metidos en escandalos personales. En muchos casos son personas ambiciosas que en vez de aceptar que Allah les pusó en una situación en particular, intentaron rebelarse contra Su sabiduría, y terminaron dañándose a sí mismos y a la comunidad musulmana, y consiguiendo multitud de pecados.

Así pues, debemos recordar que nuestra obligación es someternos a Allah, no intentar someter Su voluntad a nuestros deseos. Nuestra obligación es seguir a Allah, no esperar que Allah siga nuestros deseos. Debemos recordar que cada día es una oportunidad de ser un buen musulmán en nuestro propio contexto, y que eso es una gran bendición.

Y me digo esto a mí mismo primero, pues este pecador solo es un pobre que vendrá el día del juicio con una montaña de pecados.

وفقنا الله لما يحبه ويرضاه إنه كريم مجيب

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